{"id":4561,"date":"2020-09-09T18:59:30","date_gmt":"2020-09-09T18:59:30","guid":{"rendered":"https:\/\/mersanlaw.com\/?p=4561"},"modified":"2025-06-30T22:19:26","modified_gmt":"2025-07-01T02:19:26","slug":"el-mito-del-pombero-y-las-empresas-estatales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.mersanlaw.com\/pt\/blog\/el-mito-del-pombero-y-las-empresas-estatales\/","title":{"rendered":"O mito do Pombero e as empresas estatais"},"content":{"rendered":"<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"4561\" class=\"elementor elementor-4561\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-c6cfefc e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"c6cfefc\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-316c4b60 elementor-widget elementor-widget-image\" data-id=\"316c4b60\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"image.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"379\" src=\"https:\/\/www.mersanlaw.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/POMBERO-GRANDE.jpg\" class=\"attachment-large size-large wp-image-4562\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/www.mersanlaw.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/POMBERO-GRANDE.jpg 683w, https:\/\/www.mersanlaw.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/POMBERO-GRANDE-300x166.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/>\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-798ae179 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"798ae179\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-a51abc6 elementor-position-top elementor-widget elementor-widget-image-box\" data-id=\"a51abc6\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"image-box.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-image-box-wrapper\"><figure class=\"elementor-image-box-img\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.mersanlaw.com\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/tomas_mersan-1.jpg\" title=\"\" alt=\"\" loading=\"lazy\" \/><\/figure><div class=\"elementor-image-box-content\"><h3 class=\"elementor-image-box-title\">Escrito por Tom\u00e1s Mers\u00e1n Riera, Socio<\/h3><p class=\"elementor-image-box-description\">\u2709\ufe0f tomasmersan@mersanlaw.com<\/p><\/div><\/div>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-416e58d3 elementor-widget elementor-widget-spacer\" data-id=\"416e58d3\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"spacer.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-spacer\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-spacer-inner\"><\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-eb15481 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"eb15481\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7deed102 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"7deed102\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><strong>Folklore paraguayo<\/strong><\/p><p>Son las 19:17 de una fresca noche primaveral. En el campo, el capataz, fatigado por una pesada jornada laboral, enciende un cigarro y se sirve un poco de ca\u00f1a con pomelo en el vaso. Pensativo, admirando la inmensidad del campo a oscuras, empieza a silbar. Entre una y otra bocanada de humo del tabaco, reflexiona, y silba, cada vez con mayor intensidad.<\/p><p>Unos minutos despu\u00e9s escucha un ruido alarmante. A lo lejos se escuchan unos extra\u00f1os pasos, cuyo origen no parece ser humano, ni tampoco animal. Quiz\u00e1s un h\u00edbrido entre ambas especies. Asustado, el hombre asume una postura defensiva. Los pasos se hacen cada vez m\u00e1s cercanos. Repentinamente, aparece una peculiar imagen de un duende petiso y peludo. Casi humano, casi animal. Al capataz, incapaz de moverse, un sudor fr\u00edo le recorre el cuerpo. Luego, todo se vuelve oscuro.<strong>\u00a0<\/strong><\/p><p>Este episodio rural forma parte de la tradicional mitolog\u00eda guaran\u00ed que heredamos de nuestros ancestros, oriundos terratenientes del coraz\u00f3n de Sudam\u00e9rica. La leyenda del <em>Pombero<\/em>, a lo largo de los a\u00f1os, recorri\u00f3 generaciones de tribus, familias y personas vinculadas a la cultura guaran\u00ed. Y por mucho tiempo gener\u00f3 temor y sospecha en las vastas \u00e1reas rurales de nuestro pa\u00eds.<\/p><p>Hoy, a juzgar por el paso de los a\u00f1os y el desarrollo de nuestra sociedad, es solo un fantasioso mito del pasado.<\/p><p><strong>Mitos contempor\u00e1neos<\/strong><\/p><p>En nuestra sociedad contempor\u00e1nea los mitos como el <em>Pombero<\/em>, el <em>Kurup\u00ed<\/em>, y el <em>Jasy Jatere<\/em> han quedado atr\u00e1s, y hoy solamente forman parte de nuestro arraigo cultural e hist\u00f3rico, transmitidos en las aulas de estudiantes primarios, y quiz\u00e1s en alguna que otra familia conservadora.<\/p><p>Sin embargo, no todos los mitos han desaparecido. Todav\u00eda persisten algunos, fuertemente arraigados a nuestro \u201cADN cultural, pol\u00edtico y econ\u00f3mico\u201d, como una especie de composici\u00f3n molecular guaran\u00ed, de la que a\u00fan no podemos salir airosos. Todav\u00eda padecemos de la creencia de un mito fuertemente enraizado: las empresas estatales.<\/p><p>El Estado, a lo largo de su historia, ha ido explorando una diversidad de rubros, y lo sigue haciendo. Pero siempre con un irremediable resultado: ineficiencia y despilfarro de recursos. No podemos nombrar un solo caso en el que el Estado haya ofrecido (u ofrezca) un servicio de manera eficiente con el cual los consumidores -y due\u00f1os- y el mercado est\u00e9n satisfechos.<\/p><p>Ante esta situaci\u00f3n, penosa, por un lado, y enervante, por el otro, vale la pena tratar de entender, \u00bfcu\u00e1les son los motivos que nos llevan a este irrefutable resultado todas y cada una de las veces?<\/p><p>La primera respuesta que se le ocurre al lector es, por supuesto, la siguiente: corrupci\u00f3n, corrupci\u00f3n, y\u2026 m\u00e1s corrupci\u00f3n. S\u00ed, claro. Sin lugar a dudas. Pero dejemos la corrupci\u00f3n de lado por un minuto, y veamos qu\u00e9 es lo que -adicionalmente- ocurre, en t\u00e9rminos econ\u00f3micos y legales (y tambi\u00e9n, pol\u00edticos). Porque las empresas estatales, salvo contadas excepciones, han fracasado rotundamente en todo el mundo. Tanto en sociedades corruptas, como en sociedades m\u00e1s transparentes.<\/p><p>El economista y autor surcoreano Ha-Joon Chang ha identificado una idea esencial que explica, en gran parte, este casi inexorable destino de las empresas p\u00fablicas: los incentivos.<\/p><p>\u00bfA qu\u00e9 nos referimos con incentivos en este contexto?<\/p><p>La idea es bastante sencilla e intuitiva. Ning\u00fan gerente estatal es capaz de administrar una compa\u00f1\u00eda tan eficientemente como lo har\u00eda su due\u00f1o. El problema no existir\u00eda si los due\u00f1os de las empresas p\u00fablicas (los ciudadanos), pudieran controlar eficazmente a los gerentes (pol\u00edticos). Es el tradicional problema de <em>agente-principal<\/em>. Ahora, que la ciudadan\u00eda eval\u00fae y verifique el rendimiento de los gerentes de las estatales es, pues, una tarea sumamente compleja e imperfecta. A diferencia de lo que ocurre en las empresas privadas, donde el control entre los accionistas, gerentes y directivos de las empresas se mantiene dentro una estructura m\u00e1s ordenada, s\u00f3lida, y eficiente.<\/p><p>En palabras del pol\u00e9mico autor de origen liban\u00e9s Nassim Nicholas Taleb en una de sus \u00faltimas obras, solamente aquellos que arriesgan y \u201c<em>se juegan la piel\u201d<\/em> son los que, finalmente, deber\u00edan poder internalizar y ver los beneficios (o p\u00e9rdidas) de los riesgos tomados. Un emprendimiento es administrado eficientemente porque quienes han hecho la inversi\u00f3n son quienes ver\u00edan directamente afectado su patrimonio ante el \u00e9xito o el fracaso de la empresa. <em>Se juegan la piel<\/em>. En el caso de una empresa estatal, por el contrario, los due\u00f1os \u201caccionistas\u201d (ciudadanos) no internalizan directamente el \u00e9xito o fracaso, ni mucho menos la inversi\u00f3n realizada, as\u00ed como tampoco tienen una manera directa de exigir la rendici\u00f3n de cuentas. Menos afectados se ven los \u201cadministradores\u201d p\u00fablicos que fracasan, una y otra vez, en su rol de mantener la empresa a flote.<\/p><p>Es cierto que el \u00e9xito de las compa\u00f1\u00edas depende de muchos factores. Pero principalmente es esta simple -pero esencial- idea la que vuelve las iniciativas privadas m\u00e1s eficientes. Al final de cuentas, hay una raz\u00f3n por la cual empresas como Apple, Amazon, Microsoft y Alibaba, por nombrar algunas, generan m\u00e1s ingresos que Estados enteros como Portugal, B\u00e9lgica, Puerto Rico y por supuesto, Paraguay.<\/p><p><strong>Entonces, menos Estado. M\u00e1s mercado, \u00bfo no? <\/strong><\/p><p>Los fracasos estatales en la incursi\u00f3n en el mundo empresarial no han sido del todo en vano. Hubo momentos hist\u00f3ricos en que las empresas estatales eran necesarias, cuando el sector privado no estaba en condiciones de proveer ciertos servicios. Actualmente, sin embargo, el rol principal del Estado ante las inversiones privadas es (o deber\u00eda ser) el siguiente: ofrecer seguridad jur\u00eddica y arbitrar en las imperfecciones de mercado.<\/p><p>Por un lado, el Estado deber\u00eda proteger los derechos de propiedad privada, que aseguren que quienes toman riesgos puedan percibir dividendos y capitalizar los beneficios, como mecanismo de incentivo para que las inversiones contin\u00faen. Y por el otro, el Estado deber\u00eda corregir ciertas imperfecciones del mercado que llevan a ineficiencias indeseables. Por nombrar algunas: los abusos contra el consumidor, asegurar la competencia, las externalidades no compensadas; estos son rasgos imperfectos que usualmente el Estado, con los recursos extra\u00eddos de los ciudadanos, puede resolver de manera m\u00e1s eficiente.<\/p><p>Estas ideas se pueden resumir en la f\u00f3rmula expuesta por el ex canciller alem\u00e1n, Konrad Adenauer: \u201cTanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario\u201d.<\/p><p>Con tantas lecciones aprendidas a lo largo del mundo y de la historia, de nuestra propia historia, el Estado deber\u00eda ocuparse exclusivamente de ofrecer una plataforma segura para emprendedores e inversiones privadas, a fin de evitar caer en los antiguos mitos folkl\u00f3ricos como la leyenda del <em>Pombero<\/em>, o peor, como en los modernos mitos urbanos de las empresas p\u00fablicas.<\/p><p><em>Ilustraci\u00f3n de portada por Carlos Arg\u00fcello Sullow.<\/em><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Tom\u00e1s Mers\u00e1n Riera, Socio \u2709\ufe0f tomasmersan@mersanlaw.com Folklore paraguayo Son las 19:17 de una fresca noche primaveral. 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